Mariana una de las víctimas fatales: El poema que nunca tuvo respuesta
Cerca de la medianoche del pasado sábado, Simón García le escribió un poema a su novia, Mariana Upegui, sin imaginar que esas palabras serían su último mensaje. Mariana hacía parte del grupo de jóvenes recién egresados que viajaba hacia Tolú y que sufrió el trágico accidente ocurrido en las vías de Remedios, Antioquia, donde murieron 17 personas.
El mensaje quedó sin respuesta. Mariana fue una de las víctimas fatales, dejando una historia de amor abruptamente interrumpida que hoy conmueve y enluta a todo un país. El poema, cargado de sentimientos, se convirtió en un testimonio íntimo del amor que Simón sentía por ella, un amor expresado en deseos simples, promesas silenciosas y palabras que ahora duelen más por su significado.
EL POEMA
"La vida se sostiene de mil deseos.
Monedas que se lanzan a una fuente,
velas que soplas con ojos llenos,
y tréboles que buscan la suerte.
Yo he visto tortas arder en cumpleaños,
cumplí el rito de apagar cada candela,
los demás piden viajes, o milagros livianos,
yo solo pido que tu corazón me quiera.
He lanzado monedas a pozos viejos,
viendo el agua tragar mi petición,
otros piden fortuna, paz o reflejos,
yo pido que siempre seas vos la razón.
Si encontré un trébol de cuatro hojas,
lo guardo como un pacto silencioso,
no lo gasto en riquezas, ni en cosas flojas,
lo guardo para pedirte a vos, hermosa.
He rozado amuletos en la madrugada,
he soplado pestañas caídas al azar,
cada uno como flecha delicada
te busca, te nombra, te quiere alcanzar.
Las estrellas fugaces me conocen,
saben que al verlas cierro fuerte la mirada,
y que cada deseo que en mi pecho se impone,
termina diciendo tu nombre sin decir nada.
Hasta los dientes del león al desprenderse,
entran en pacto con el viento que los guía,
los tomo, los soplo, los dejo ofrecerse,
y en todo sin falla tu nombre va por mi compañía.
He perdido deseos con monedas, con flores,
con velas, con pestañas, con tréboles, cielo y viento,
con suspensiones pequeñas, simples favores,
del destino que escucha callado mi intento.
Decime vos, ¿en qué deseo gastarías su fe?
Yo, si el mundo me diera mil oportunidades,
las gastaría sin duda una y otra vez,
pidiendo que seas vos en todas mis realidades".
Hoy, este poema recorre el país como un símbolo de amor, pérdida y dolor. Un mensaje que no tuvo respuesta, pero que quedó grabado como memoria viva de una historia que el destino truncó demasiado pronto.

