El fallo de una acción popular, precedida de una querella, por el uso de un predio municipal, alegado como reserva de quebrada, obligó al cambio de sede de la parroquia de Santa Marta en Neiva, del barrio Villa Regina al Vergel después de 18 años. La comunidad parroquial realizó el traslado para evitar un desalojo.
Tras casi 18 años de vida comunitaria en el barrio Villa Regina, la Parroquia Santa Marta iniciará un nuevo capítulo en el barrio El Vergel, tras una demanda judicial que cuestionó la legalidad de su enramada principal y la obligó a buscar una nueva ubicación.
El párroco Andrés Stive Figueroa explicó que el traslado es consecuencia directa de una acción popular interpuesta en 2024 por el ciudadano Luis Herney Perdomo, quien inicialmente había interpuesto una querella contra la Alcaldía de Neiva.
La demanda solicita el desalojo y demolición de la estructura parroquial, al considerar que el predio donde estaba ubicada era una reserva de quebrada, alegato que el padre Figueroa cuestionó: “Uno mira y no es una quebrada, es agua lluvia”, afirmó.
Una solución forzada
El sacerdote relató que, desde su llegada hace cinco años, solicitó a la administración municipal el cambio de uso del suelo para legalizar y comprar el terreno, sin obtener una solución definitiva. La presión judicial, sumada a otros intereses comunitarios sobre el espacio, aceleró la búsqueda de una alternativa.
La solución llegó con la compra de una casa y tres lotes contiguos en el barrio El Vergel, específicamente en la calle 14 # 39-120 y sus alrededores. La transacción se financió en parte con la venta de la antigua casa cural de Villa Regina por 300 millones de pesos. El padre Figueroa detalló que ya se realizó un abono significativo y esperan cerrar el pago pronto para consolidar la nueva propiedad.

Traslado antes que ordenen desalojo
Mientras se completa la transacción, la parroquia avanza con las gestiones de traslado, en una carrera contra el posible fallo del Juzgado Noveno Administrativo, que lleva el caso. “Vamos a ver si nos vamos antes de que salga el fallo”, expresó el párroco. Ya se realizó una primera audiencia de conciliación donde se planteó la demolición de la enramada.
El traslado, que se espera concretar a partir de febrero, implica una inversión operativa de alrededor de 30 millones de pesos. Estos recursos cubrirán la demolición y reutilización de materiales (tejas, perfilería), el traslado de sistemas de seguridad (12 cámaras) y paneles solares, así como la instalación eléctrica en la nueva sede.
Nuevo comienzo
El padre Figueroa reconoció que la decisión ha generado sentimientos encontrados en Villa Regina, donde algunos vecinos mostraban “resquemores”. Sin embargo, destacó la acogida y el apoyo recibido por parte de la Junta de Acción Comunal de El Vergel, que facilitó los trámites para el nuevo uso del suelo.
Contexto
Luis Herney Perdomo, el ciudadano cuya acción popular obligó el traslado de la Parroquia Santa Marta del barrio Villa Regina en Neiva, explicó los motivos de una batalla legal que, según él, inició en 2009. Su argumento central se basa en el estricto cumplimiento del Plan de Ordenamiento Territorial.
Perdomo afirmó que el predio está catalogado como sesión tipo A (Acuerdo 026 de 2009), destinado exclusivamente a zonas de arborización y recreación de uso comunitario. “Las zonas de sesión tipo A no se pueden destinar a culto, sino que están en servicio a toda la comunidad”, recalcó.
Aunque reconoció molestias por el ruido de los altavoces, insistió en que su lucha fue de fondo, citando normas nacionales que establecen requisitos de espacio e insonorización para iglesias, los cuales, según él, no se cumplían.
Señalamientos
El demandante se mostró dolido por la estigmatización sufrida en su comunidad, revelando que durante una misa en marzo de 2025 una feligresa lanzó epítetos en su contra.
“Salgo a la calle y hay personas que lanzan epítetos descomedidos contra mí, como si yo fuera el enemigo de la iglesia”, lamentó. Afirmó que solo buscaba que las autoridades hicieran cumplir la ley.
Perdomo también criticó a la Junta de Acción Comunal, acusándola de haber facilitado en 2015 que el Centro de Integración Ciudadana se convirtiera en capilla, un uso que logró frenar en 2020. Señaló que la entonces presidenta fue permisiva con una ocupación gradual que invadió más de 223 metros cuadrados.
Con el traslado, espera que el predio recupere su función original como zona de recreación, aunque advierte que requiere intervención: deben retirarse las placas de concreto y resembrarse. Denunció además la tala de 18 árboles que eran parte del pulmón verde del sector.
Su relato expone un conflicto comunitario complejo, donde un ciudadano se siente incomprendido por exigir, en sus palabras, que “se cumplan las normas, así como uno cumple una norma urbanística, ellos deben dar ejemplo”, concluyó.
Fundada por decreto el 8 de diciembre de 2007, la Parroquia Santa Marta, este domingo con el último oficio religioso en el lugar dejará atrás un histórico de querellas vecinales por ruido y uso de zonas comunes, para emprender un nuevo camino a escasos 500 metros en línea recta, pero en un entorno que promete mayor estabilidad para su misión pastoral y comunitaria.



