Comandante huilense, autor de 48 falsos positivos, que no se arrepiente de nada

El mayor Julio César Parga, condenado a 20 años de cárcel, afirmó que no pedirá perdón a los familiares de los jóvenes que él hizo pasar por guerrilleros.

Entre los años 2006 y 2007 el mayor Julio César Parga Rivas recibió 39 felicitaciones por parte de los comandantes de la XI Brigada a la que pertenecía. Desde que llegó a Córdoba como director del Gaula a finales del 2006 el número de guerrilleros muertos y delincuentes se disparó en ese departamento. Por lo menos tres veces a la semana se realizaban operativos contra extorsionistas y secuestradores. El Gaula de Córdoba, bajo el mando de Parga, quien a su vez tenía como jefe inmediato al entonces ministro de Justicia Juan Manuel Santos, se convertía en el más eficiente del país. Cada operativo entregaba la suma de, por lo menos, cuatro delincuentes muertos.

El panorama para este hombre nacido en Garzón Huila y quien, siendo capitán, perteneció al esquema de seguridad del entonces presidente Andrés Pastrana Arango, cambió cuando la Fiscalía empezó a investigar los golpes del Gaula. Los estudios arrojaron resultados que empezaron a escandalizar al país: los supuestos delincuentes nunca habían disparado armas de fuego a pesar de que eran encontrados con ellas en las manos. Además la trayectoria de las balas no coincidían con las declaraciones de cómo se habían dado los combates y las horas de los decesos también eran sospechosas. Un hecho terminaría por derribar la mentira del Mayor Parga y sus hombres: las extorsiones nunca habían ocurrido además, nunca se pagaron los 87 millones que se les había dado a los informantes.

En los primeros nueve meses del 2007 el Gaula de Coórdoba, bajo el mando de Parga, mató a 48 personas. Fueron los primeros falsos positivos de los que se tuvo noticia. La totalidad de los muertos eran muchachos pobres, vendedores ambulantes, drogadictos, indigentes como Jorge Hernández. Nacido en Medellín, 36 años, Bachiller. Se había ido de Medellín a Montería buscando cuidar la finca de un conocido. Las cosas no salieron. Lo sacaron de la pieza donde vivía. Durmió en la calle y una noche le dio por combatir el hambre a punta de bazuco. Al año Jorge ya era un guiñapo humano cuyo único sustento se lo daba el robo de cableado telefónico. La mayoría de la plata se lo gastaba en droga. Una tarde lo montaron en un camión, lo sacaron de Montería y lo mataron a cinco horas de allí como a docenas de personas más a las que les daban un arma compradas con los 87 millones que había designado el Gaula para pagar recompensas. Todos los muertos fueron arrastrados a esos lugares engañados con la promesa de tener un mejor empleo.

Los militares habían dicho que los muertos habían ocurrido en cruentos conflictos. La Fiscalía determinó que los jóvenes habían caído en condición de absoluta indefensión. Se trató de una horrenda cacería.

El 17 de abril del 2008 fue detenido junto con otros seis militares. El Gaula en Córdoba no actuaba sola. Los ayudaba a ubicar sus objetivos Los paisas, la banda de sicarios dirigida por Diego Fernando Murillo alias Don Berna. La banda fue un remanente de los restos de grupos paramilitares que se rehusaron a entregar las armas después de la paz que les otorgó el gobierno de Uribe y que tenía sus raíces en los tiempos de Pablo Escobar. Julio Cesar Parga Rivas cayó por el asesinato del ganadero Carlos Andrés Pineda el 7 de enero del 2008, al parecer por militares del Gaula. Durante su detención Parga confesó todo: el había utilizado los 87 millones de pesos para hacer pasar a las víctimas inocentes en guerrilleros o delincuentes comunes caídos en conflicto.

A Parga Rivas se le acusaba de otro delito. Sobre él pesaba una orden emitida por el fiscal de la Unidad Nacional Antinarcóticos de la Fiscalía. Por eso llegó una solicitud de extradición por parte de Estados Unidos que se hizo efectiva el 5 de noviembre de 2008. Regresaría dos años después. La justicia norteamericana no encontró pruebas suficientes para condenarlo. Se exponía a una cadena perpetua. Regresó a Colombia en el 2010. Tres años después fue condenado a sesenta años pero como confesó sus delitos y se acogió a pena anticipada, se le rebajó a la mitad. En el 2015 La sala Penal del Tribunal Superior de Montería, en decisión de segunda instancia del 11 de marzo le quitó otros diez años de cárcel.

Ahora, desde El Centro de Reclusión Militar en donde paga sus penas, se dedica a hacer cursos y completar sus estudios. Hace ejercicio regularmente y piensa seguir pidiendo rebajas a su pena. También está seguro, como le dijo al periodista Andrés Córdoba del Espectador, que jamás pedirá perdón a las familias de los 48 inocentes que mató. Para él esto forma parte del pasado. El mayor Julio César Parga no se arrepiente de nada.

Tomado de www.las2orillas.co

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